Igual, pero peor

Algo está sucediendo.

En mi casa no se suele poner música. La bocina de repartero que tenemos sigue sin batería, y en su esquina. Comimos, se puede decir, rico. Había camarones, comprados en la tienda en MLC

A mí no me llama la atención el camarón. De hecho, siempre he pensado que el fetiche con el camarón viene más de factores externos al propio paladar humano. Pero gracias a una familia de afuera, esa ante la que se siente vergüenza porque su trabajo puede alimentar más que el nuestro, pudimos comer algo diferente el 24. Aunque insisto, en yo hubiese preferido un exótico pedacito de puerco, con su grasa, su chicharrón, su yuca, su boniato frito, que son cosas que ni con la ayuda inmerecida pude conseguir. 

Normalmente, el 24 confluyen varias músicas en mi cuadra. Todo gira en Nelson Ned, Chocolate y Marc Anthony. Así crecí, con ese ruido en las noches y los cristales de mi cuarto vibrando.

Pero anoche fue diferente. Solo sentí un discreto bajo, que parecía no querer identificarse. Mi barrio, donde la gente, hasta el más humilde, era una fiesta sin límites de audio, de gritos, de borrachera, de felicidad y placer, cada cual a su modo, rompió anoche la causalidad mecánica que lo ata a estas fechas.

Chocolate MC

A ciento noventa y cinco kilómetros, vive mi familia. Hay de todo, pero gente trabajadora. Atrás, tienen títulos universitarios, guerra de Angola, décadas de trabajo, medallitas de trabajo, como todos, carné del partido, y orgullo de cuanto ministro ( que algunos solo tienen el cargo, porque distan de serlo) ponen en la TV. Ellos, allá, no la pasaron igual que yo.

San Juan y Martínez. Fuente: Revista Más Cuba

En el pueblo de mi familia no se pudo comprar un pedacito de carne alguna para pasar el 24. Hace meses que el turno para comprar en la tienda es con la libreta, y solo te toca una vez cada varios meses. Ellos tendrán que esperar a enero para su turno en la tienda y hacerse con su pedacito de pollo. 

¿Cultivar? A los 70 años, cuando has pasado toda la vida trabajando, cuando eres de los hombres y mujeres que fueron la mano de obra del país que se tiene hoy, no es grato. Nuestros ancianos o abuelos son los que construyeron este país, los que fueron a todo, y no tienen mucho, o tienen muy poco. No merecen eso.

Mientras eso ocurre, los dirigentes se empeñan en vivir en sus estadísticas, lo que me demuestra que la enseñanza del marxismo en Cuba es una basura, un teatro mediocre. 

¿Acaso si la realidad es la escasez, carencia, cansancio, tiene algún sentido hablar de índices, calorías, propiedades? ¿No se nota que hacer eso es estar completamente enajenado de la realidad? ¿O será un acto de auto complacencia de quienes hablan en público? La mesa del ministro de Economía no es la misma que la un cubano con las mismas horas trabajadas que él. A él le preocupa su estadística, que es de lo que habló.

Llueven las consignas de Continuidad, de Socialismo, de Venceremos…, pero si no hay pan, ¿qué rayos hay que defender? ¿Sin el pan seguro, qué verso socialista se puede vender? El juego de estrategia y el fetiche político de una izquierda prematura no puede decidir el futuro de muchos. Nadie tiene que pasar trabajo para que otro presuma de banalidades políticas. El costo social del orgullo político del grupo en el poder y sus seguidores, no es pequeño. 

Es egoísta pedir a la gente que calle. Es miserable gritar mercenario y gusano a compatriotas, incluso al que recibe dinero, mientras   el sistema de justicia es tan seguro de sí mismo que no puede juzgar a un asalariado de la USAID. 

Si tuviera que gritarle mercenario a esos asalariados, también lo haría después a los que viven en la calle G del Vedado, o Paseo, o las mejores zonas, y cuyo contenido de trabajo incluye gritarle mercenario a otros.

Y es que la utopía de izquierda geopolítica no la tiene que pagar un pueblo. Muchos cubanos no tienen que aguantar callados, esperando a que por arte de magia la vida mejore, para que Chomsky, Kohan, los movimientos indígenas, la turba de estalinistas que andan sueltos por América Latina tengan su faro que los ilumina. Que se hagan su linterna y se alumbren ellos mismos. El silencio de mi barrio, el turno de mi familia de poder comprar cada par de meses en la tienda, y esa realidad multiplicada por cientos, ¿miles?(no lo sé)…¿eso hay que hacer? 

La política es la jama y la vianda, me dice Abelardo Mena, y tiene razón. El resto es silbar. Hay muchas carencias, pero seguimos aquí, me intentan decir. No. Hay muchas carencias, el pero sobra. Ahí termina la oración. Si el sustento diario no está seguro, accesible, se falló.

Y tampoco hay Plan B. En lo que aparece, la cubanidad se raja en pedacitos. La mejor prueba es que, como contraparte a la falta de decencia y el inmovilismo propio de la dirección del país ( vale la pena que para hacer recortes, se mueven un poco más), está la poca civilidad y principios con los que opera el oposicionismo cubano. Cada extremo, asume bien su rol en el tablero del ojo por ojo, y de mutilar la verdad, es decir, de hacerla un cuerpo fragmentado. Continúa la manipulación, porque un cuerpo fragmentado es un cadáver; la mitad o una parte de la verdad, es algo muerto, es también una mentira. Ese oposicionismo Plan B, es el mismo plan A.

Todos sigue igual, pero peor.

Escrito en diciembre de 2020.

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